Las temporada de AMERICAN HORROR STORY ordenadas de mejor a peor

Hoy se estrena en FOX “Double Feature” la décima temporada de la franquicia creada por Ryan Murhy.

La antología de más de una década de antigüedad ha tenido toda clase de historias en sus distintas etapas. Algunas más adultas, algunas más camp, auténticas joyas televisivas y otras que no había dónde cogerlas.

Nos ha mostrado todo tipo de horrores, desde payasos asesinos hasta el mismísimo anticristo y ha tratado innumerables temas como el canibalismo, la depresión, el incesto o las crisis matrimoniales.

Aquí os pasamos nuestro ranking de las temporadas de la serie, ordenadas de mejor a peor según nuestro criterio.

ASYLUM

La segunda entrega consolidó la serie como una gran apuesta del terror moderno y encumbró a su creador como uno de los mejores showrunner de su generación.

La historia, que transcurre en un sanatorio mental es la más adulta y seria de todas y en ella los elementos de combinan a la perfección haciendo que la trama funcione de principio a fin. Desde sus protagonistas a sus dispares villanos (un médico nazi, un asesino en serie y una monja poseída por el demonio) hasta el increíble personaje de la Hermana Jude, interpretado con maestría por Jessica Lange, al que odias y compadeces a partes iguales se mueven en sincronía para desenvolver el argumento lentamente en un ambiente claustrofóbico y opresivo.

La escena musical de Lana Banana ya es historia de la televisión.

MURDER HOUSE

Buenos cimientos hacen una buena casa. En la primera tanda de episodios observamos como la familia Harmon se muda a una casa encantada repleta de espíritus vengativos atrapados en su interior. Un cuento gótico reimaginado que pone la humanidad y el dolor como eje central de su trama. La relación entre Tate Langdon y Violet Harmon hizo las delicias de todos los adolescentes emo de la época. Momentos como el hombre de látex, la asistenta que es joven o vieja según ante quién se presente o el personaje de Taissa Farmiga encontrando su propio cadáver en el sótano de la casa marcaron el inicio de una larga saga de escenas escatológicas.

FREAK SHOW

El gabinete de curiosidades de Frau Elsa Mars no dejó a nadie indiferente. El gran acierto de esta serie fue convertir a los monstruos de circo en personajes polidimensionales con ambiciones y miedos, y al hombre blanco y privilegiado en la peor pesadilla de cualquier persona que alguna vez se haya sentido rechazada por ser distinta.

En esta temporada abundó el misterio, el horror clásico y sobre todo el gore. Aunque por momentos los episodios musicales acaban cansando, la solidez de su trama y su increíble villano, Twisty el payaso asesino hicieron de esta una de las mejores entregas.

CULT

Si algo se le puede elogiar a la séptima temporada es el inmenso énfasis que hace en la palabra AMERICAN. En esta historia, el miedo no proviene de monstruos ni de factores sobrenaturales, sino de algo mucho más peligroso: El fanatismo. Cult retrata de una forma casi paródica el espíritu de un país cuya leyenda negra está plagada de tiroteos, sectas y corrientes totalitarias. En plena elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, Ryan Murphy nos propone una sátira sobre las dos facciones de la sociedad americana. Sarah Paulson y Evan Peters, dos históricos de la casa, encarnan a una demócrata y un republicanos enzarzados en una lucha de poder llena de payasos, paranoia y sentimientos religiosos.

Pese a lo interesante de esta temporada peca por su retrato a brocha gorda de la derecha americana y por la vaguedad de su argumento. Por momentos parece que al creador le interesase más mostrarnos su visión del mundo que generar coherencia interna. Los sinsentidos se multiplican mientras las aspiraciones de los personajes se difuminan hasta que el espectador acaba preguntándose como una reportera afroamericana, una lesbiana demócrata y un neonazi han acabado uniendo fuerzas para llevar a cabo un plan que nunca parece estar muy claro.

COVEN

La exótica Nueva Orleans es el escenario perfecto en el que dos aquelarres de brujas inicien una guerra encarnizada. El trio de arpías formado por Jessica Lange, Angela Bassett y Kathy Bates es un coctel explosivo sin precedentes. La dinámica que se forma entre las tres es tóxica a más no poder y acaba de la peor forma posible.

Aunque esta es de las temporadas menos aterradoras y más “adolescente” los fans de la serie la alaban por sus maravillosos personajes, que logran mantenerla a flote en todo momento pese a la sencillez y superficialidad de su argumento. Las estudiantes de la mansión Robichaux cautivaron al público juvenil con su desparpajo y sus problemas más típicos de un drama de instituto que de una serie de terror. Tanto fue así que Murphy traería a las jóvenes hechiceras de entre los muertos para una continuación en AMERICAN HORROR STORY: APOCALYPSE.

ROANOKE

Favorita de muchos, aborrecida por otros tantos. La trama protagonizada por Sarah Paulson y Cuba Gooding jr. nos adentra en la colonia maldita de Roanoke (actual Carolina del Norte) en la que supuestamente una remesa de exploradores desapareció sin dejar rastro. La temporada tiene mucho mejor planteamiento que ejecución, ya que narra un true crime llamado “My Roanoke nightmare” en el que Paulson y Gooding interpretan a las personas reales que sufrieron la maldición que asola el lugar. La atractiva propuesta queda va perdiendo fuerza a medida que avanzan los episodios y hacia el final lo único que vemos es a un montón de personajes correr aterrados de un lugar a otro. Además, el hecho de volver a presentarnos fantasmas furiosos como antagonistas después de haberlo hecho en Murder House y Hotel es cuanto menos irritante.

APOCALYPSE

El esperado crossover entre la primera y la tercera temporada de la serie, el sueño húmedo de muchos fieles. La serie se ubicaba en un bunker secreto tras el estallido de una bomba nuclear, contándonos la vida de los supervivientes, para luego retroceder en forma de flashback hasta el ansiado momento en el que las brujas del Coven se enfrentaban al anticristo fruto de una violación sobrenatural en la casa de los asesinatos. El gran fallo de la temporada fue intentar vendernos toda la trama del bunker, que era sencillamente soporífera, en vez de haber planteado la serie como lo que era: el retorno del universo mágico de las brujas y de un personaje al que perdimos la pista en la temporada piloto y del que necesitábamos saber más. Pese a ello la temporada sabe dar lo que el publico demanda. Insuperable la escena en la que el anticristo saca a Queenie (Gabourey Sidibe ) y a Madison Montgomery (Emma Roberts) del infierno para demostrar su poder.

HOTEL

La salida de la serie de Jessica Lange, piedra angular del elenco se hizo notar. Los creadores se encontraron con la tesitura de sobre quién relegar el protagonismo y la respuesta impactó a todo el mundo: Lady Gaga asumiría el papel de La Condesa, una especie de vampiro pop con pretensiones puramente hedonistas. Una temporada en la que la estética art decó importaba más que la trama y todo parecía un interminable videoclip. Personajes impactantes a los que se le podía sacar mucho más jugo como Liz Taylor, Ramona Royal, Iris o el detective John Lowe quedaban relegados a una posición de acompañamiento en favor del personaje de Gaga. Para colmo la trama secundaria era una copia exacta de Seven pero cambiando los pecados capitales por los diez mandamientos.

1984

Podría haber sido el revival de slasher perfecto: Ambientado en un campamento de verano, con monitores cargaditos de hormonas y un asesino recién fugado de una institución mental, pero en su lugar Ryan Murphy prefirió volver a repetir el esquema sobre lugares embrujados de Murder House, Hotel y Roanoke, probando así su incapacidad para generar ideas nuevas. Mas allá del componente sobrenatural, nos encontrábamos con unos personajes sin carisma, con motivaciones débiles y que se pasaban la temporada deambulando de un lado para otro huyendo de un asesino que finalmente resultaba no ser tal cosa. La temporada solo duró 10 episodios y ni aun así pudo mantener un ritmo decente con una historia que no parecía dirigirse a ninguna parte.

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