La Peña Cenicientos, atalaya de la Sierra Oeste

Nos vamos a acercar a la modesta atalaya de la Sierra del Oeste, nombre de la comarca donde se funde el Guadarrama con las primeras estribaciones de Gredos, a la que esta modesta cumbre pertenece ya. Y que nos regala un paisaje de la Castilla recia, muy desconocido para la mayoría de nosotros, incluidos los senderistas y montañeros.

Vista de la Peña de Cenicientos

Es un ruta además que es bastante sencilla, lo que nos permite a la bajada disfrutar del pequeño pueblo de Cenicientos, donde por cierto se elaboran unos vinos más que recomendables. Comenzamos la ruta antes de entrar en el pueblo. Según llegamos desde la carretera de Cadalso de los Vidrios (km. 17.700 de la M-541), veremos a nuestra derecha una pista de tierra donde dejar el coche y donde hay un ajado cartel que indica el camino.

Cenicientos

Nosotros vamos a comenzar a remontar la suave pista, enseguida envueltos en encinas y pinos que no nos van a servir para quitarnos el calor en verano, que aquí suele ser sofocante. Por eso, recomiendo hacerla en primavera y en otoño, acompañados del olor de los arbustos que emanan las aromáticas típicas del bosque mediterráneo.

Muy pronto tendremos vistas del pueblo de Cenicientos. El origen de su nombre no está muy claro: mientras para unos procede del color ceniciento del granito, roca que domina toda esta zona, otros señalan la mitología medieval: al venir a reclamar el representante de un rey castellano al pueblo si podían aportar “cien lanzas” para luchar contra sus enemigos, los musulmanes, estos respondieron que “cien, y cientos”.

En todo caso la zona se presta a ambas interpretaciones; la suave y rocosa sierra (Peña Cenicientos llega a los 1252 metros de altitud, pero aparte tendremos a nuestra vista las conocidas como Peñas de Cenicientos. No solo eso, la zona es fronteriza entre ambas Castillas, la Vieja y la Nueva, aunque a mí estas historias de abnegados luchadores no me apasionan.

Casilla de la Alberca

Vamos a continuar por la pista, en un zigzag constante e ignorando otros caminos secundarios, hasta llegar a la conocida como ”Casilla de la Alberca”.

En esta zona, nos llevaremos una de las sorpresas de la ruta, pues hay castaños, y no pocos, aunque ya apenas estén cuidados y no nos den castañas de gran calidad, como nos dicen los vecinos. Este árbol es muy difícil que se de fuera de entornos húmedos, y de hecho en Madrid es difícil de encontrar porque el clima en general no es apropiado, aunque cerca de donde estamos se encuentra también el castañar de Las Rozas de Puerto Real, que recomendamos visitar en otoño.

 

Estos son algunos de los castaños que encontraremos por el camino

Tras pasar por esta zona, en la que el helecho se hace fuerte (síntoma otra vez de la humedad del entorno) entraremos en una zona algo más rocosa, donde el camino sigue siendo cómodo aunque algo más estrecho, que denota que vamos ganando altura y acercándonos a la cumbre.

El desvío que tenemos que tomar

Senda

Llegaremos en muy poco tiempo a un cartel. Este nos servirá de referencia para (en ocasiones hay también algún coche de algún propietario de la zona) meternos en una senda marcada con hitos de piedra. Este es posiblemente el único tramo con difi cultad de la caminata, pues para personas no acostumbradas puede resultar algo confuso, pero en breves minutos nos dejará en las rocas cimeras.

Encinares de los ríos Alberche y Cofio

Una vez allí, otra sorpresa: el vértice geodésico que marca la cumbre se encuentra dentro de un recinto cerrado que incluye también una caseta para la protección antiincendios. No es un problema, al contrario: si tenemos la suerte de que sea temporada de riesgo nos podremos encontrar al guarda, agradable persona y gran afi cionado a la observación de aves, además de gran conocedor de la zona y su historia, pues es vecino del pueblo. Digo “suerte” porque desgraciadamente, estos bosques no están protegidos y vigilados a lo largo de todo el año, solo de primavera a otoño.

Y eso que estamos en una ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves), concretamente la conocida como “Encinares de los ríos Alberche y Cofi o”, donde podremos observar la mayor población existente en la actualidad de águila imperial ibérica, además de cigüeña negra, buitre (tanto negro como leonado), águila perdicera y búho real.

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